El País Ecosistema

Los alarmantes datos sobre el calentamiento global no dejan margen para dilatar más las acciones necesarias que permitan atenuar y revertir los nocivos efectos de la contaminación en el clima

El calentamiento global sigue desbocado. Lejos de contener la subida de la temperatura de la Tierra a 1,5 °C, como recomendaba el Acuerdo de París, vamos camino de los 2 °C y, según los datos que recoge la sexta revisión del panel de expertos internacionales sobre el cambio climático del IPCC, las proyecciones a 2030 indican que alcanzaremos los 3,2 °C. Por ello, los expertos que participan en el foro Ecosistema Ahora de EL PAÍS, que pretende situar la crisis climática en primer plano y abordarla desde todos sus ángulos, van desgranando una realidad bastante negra pero sazonada con apuntes de esperanza: hay margen para mitigar los efectos de la crisis climática si se acometen ya, sin más dilación, la reformas necesarias para la transición hacia una sociedad y una economía sostenibles.

Temperaturas que suben ante una humanidad sin más atajos

Las prácticas y las llamadas a la acción se van quedando cortas ante la imperiosa necesidad de afrontar de forma más decidida la emergencia climática

Las ciudades en las que debemos aspirar a vivir

Las urbes necesitan repensarse, acortar distancias, favorecer la movilidad activa, ser más amables con sus habitantes y ganar en resiliencia frente al cambio climático

¡Acabemos con el ecopostureo!

Ante la hipocresía del llamado ‘greenwashing’ surgen nuevas formas de producir y consumir que se retroalimentan en un círculo virtuoso que abraza la economía circular y la compra responsable

Juan Luis Arsuaga: “No podemos dejar de viajar en avión, pero sí volar menos”

El paleontólogo y codirector del Proyecto Atapuerca, reflexiona sobre cómo enfrentar la crisis climática para legar un planeta en las mejores condiciones posibles a las próximas generaciones

Joaquín Nieto: “La formación es vital para las cuestiones ambientales”

El coordinador de la Asamblea Ciudadana para el Clima destaca el valor y la necesidad de una sociedad bien informada en la lucha contra el cambio climático


Alertas desatendidas ante una biodiversidad amenazada

La pérdida de riqueza y abundancia de especies avanza imparable poniendo en riesgo la supervivencia de la humanidad

La pérdida de riqueza y abundancia de especies avanza imparable poniendo en riesgo la supervivencia de la humanidad

Inmersos en la sexta extinción, con una pérdida de especies de 100 a 1.000 veces el promedio natural en la evolución, “la ciudadanía está preparada, quiere saber sobre biodiversidad”, comenta Javier Peña, creador de Hope. En pie por el planeta, que es el canal de vídeos sobre medio ambiente más visto en habla hispana. Pero “tenemos un problema de concepto y narrativo”, matiza la bióloga y escritora Aina S. Erice. “La biodiversidad es una medida de riqueza y abundancia de especies en un territorio determinado, según la definición con la que trabajamos biólogos y ecólogos. Y eso es muy difícil de narrar. Resulta más fácil contar la historia del lince ibérico o de la molécula de CO2; simplificamos; buscamos villanos a los que echar la culpa. Pero es algo mucho más complejo, donde todo está mezclado”, reconoce.

“Creo que uno de los problemas radica en nuestra visión de túnel”, tercia Jesús Iglesias Saugar, embajador del Pacto Climático Europeo en Social Climate. Cambio climático por un lado; biodiversidad, quizás más en un segundo plano, por otro. “Vamos de crisis por crisis, como si fueran compartimentos estancos, como si no estuviera todo relacionado, como si el cambio climático no fuera un multiplicador de amenazas, y la biodiversidad, nuestro seguro de vida”. En este punto, recuerda que el 75% de la alimentación de toda la humanidad proviene de 5 animales y de 12 plantas. “Una mayor biodiversidad garantizará la seguridad alimentaria si las condiciones climáticas cambian”, advierte, instando a una vuelta a la economía y al consumo local, y a la recuperación y valorización de las variedades y oficios tradicionales. “Recuperemos los mercados campesinos de los sábados e impulsemos las cooperativas de agricultores y consumidores”, reclama.

Comunicación con el campo

Iglesias Saugar cree que no se ha comunicado bien en el mundo rural. “Los ecologistas urbanitas íbamos al campo a decirles a los agricultores todo lo que no podían hacer o estaban haciendo mal”, hace autocrítica. En su lugar propone un mayor conocimiento mutuo. “Vengo de un entorno ecologista, de personas muy concienciadas, y veo que ese discurso tiende a penalizar y a poner el acento en lo malo. He llegado a la conclusión de que somos vagos y de que, en lugar de luchar contra eso, deberíamos aceptarlo e intentar aprovecharlo a favor de los buenos”, reflexiona Erice. Dicho de otro modo, “que las cosas virtuosas sean lo más cómodas posibles y compliquemos todo lo que podamos las negativas”, receta.

Tres semanas antes de esta charla sobre Soluciones para la biodiversidad, desarrollada dentro de Ecosistema Ahora, Elena Pita, directora de la Fundación Biodiversidad, participó en las jornadas sobre el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación celebradas en España. Y se le quedó grabada la frase de un ponente: “Estamos hablando de poder comer, beber y respirar”. Los riesgos de no proteger la biodiversidad están vincu­lados con esas funciones básicas para la vida, según advierte. “No tiene la centralidad que le corresponde a un asunto del que depende la supervivencia de nuestra civilización”, remacha Peña.

“La Tierra funciona como un gran sistema; el sistema climático está estrechamente vinculado a la salud del planeta; no podemos hablar de cambio climático sin referirnos a la salud de los ecosistemas”, había expuestos unos minutos antes, por videoconferencia, la bióloga y divulgadora ambiental Odile Rodríguez de la Fuente. “La clave está en generar ciencia de calidad y garantizar la transferencia del conocimiento”, dirá después, también virtualmente, Ana Payo Payo, científica, ambientóloga, oceanógrafa y activista medioambiental, que protagoniza una sentida defensa de unos océanos que pierden biodiversidad a marchas forzadas.

La excepción ibérica, ¿puerta a un nuevo paradigma energético?

La reciente aprobación por la Comisión Europea de la llamada excepción ibérica, que permite a España y Portugal limitar el precio del gas al fijar el coste de la energía, parece abrir la puerta a algo hasta ahora impensable en el seno de la UE: la intervención del mercado eléctrico marginalista para todo el continente. Una “reforma enorme”, en palabras de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, para quien el sistema actual no funciona y “tenemos que adaptarlo a las nuevas realidades de las renovables dominantes”. La Península es una isla energética (la interconexión con el resto de Europa es una asignatura pendiente) que ha apostado masivamente por las energías limpias: España es el octavo país del mundo en renovables instaladas y el segundo en Europa, tras Alemania. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), que aspiraba a un 42% de renovables sobre el consumo total de energía final, “se ha quedado corto”, afirma Pedro Fresco, director general de Transición Ecológica de la Generalitat Valenciana, quien durante la primera jornada del foro Ecosistema Ahora anuncia que ese objetivo ya está revisado al alza. La menor dependencia del gas ruso ha jugado a favor de la singularidad ibérica, aunque, como explica Paco Valverde, responsable de renovables en Menta Energía, “antes de la guerra de Ucrania ya estaba previsto el cambio de matriz energética”. Un nuevo paradigma que cuenta con un cerebro y una columna vertebral bien preparados para incorporar este ingente volumen de renovables: los 44.000 kilómetros de líneas de alta tensión de Red Eléctrica en España. “Desde hace 15 años, el centro de control de energías renovables, tecnología española pionera en todo el mundo, permite integrar cuantas renovables sea posible garantizando siempre la calidad y la seguridad del suministro”, explica Beatriz Corredor, actual presidenta de Redeia. En 2021 se sumaron tantas renovables al sistema que el 48% del mix energético fue renovable, con puntas de hasta el 70%. Es decir, en momentos puntuales casi tres cuartas partes de la energía consumida en España procedía de fuentes limpias. Un escenario donde el autoconsumo eléctrico está llamado a emerger con fuerza. “La inversión más rentable que existe en este momento, para quien se lo pueda permitir, es una instalación de autoconsumo, porque es la energía más barata”, ahonda Pedro Fresco, pero requiere más concienciación popular. “Falta información al consumidor sobre que todo lo relacionado con fósil [gasolina, gas natural], sea más deprisa o más lento, solo tiene una tendencia, y es alcista”, lamenta Paco Valverde, quien también reclama una mayor flexibilización normativa para fomentar que el autoconsumo penetre en comunidades de vecinos, no solo en viviendas unifamiliares. 

El coordinador de la Asamblea Ciudadana para el Clima destaca el valor y la necesidad de una sociedad bien informada en la lucha contra el cambio climático

Tras décadas dedicadas a la acción social, sindical, ecologista e institucional, el exdirector de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para España ha sido uno de los coordinadores de la primera Asamblea Ciudadana para el Clima que se ha celebrado en nuestro país.

Pregunta. ¿Cuál es el papel de un ciudadano de a pie en la lucha contra el cambio climático?

Respuesta. La Convención de Naciones Unidas habla de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Esto se puede aplicar también en la sociedad. Hay personas con más capacidad de decisión que son más responsables, pero todos somos responsables. Los ciudadanos tienen posibilidades de actuar en el consumo, de agruparse, de ser exigentes, tienen posibilidades de voto. Tal vez, habría que modificar cuestiones referidas al consumo para facilitar esa acción ciudadana. Si a la hora de darle a la luz pudieras elegir qué energía provee esa luz, tendrías una capacidad de decisión.

P. ¿Qué claves tiene el ciudadano para cribar entre información y desinformación?

R. Lo importante, lo vital, es la formación. Cuanta más formación se tiene sobre cuestiones ambientales o climáticas, más capacidad hay de discernir entre una información y otra, y de tomar decisiones responsables. La Asamblea Ciudadana para el Clima ha hecho multitud de propuestas para que los sistemas educativos y de formación incorporen la agenda climática y tener una ciudadanía mejor informada.

P. ¿Por qué surge la Asamblea?

R. La idea fundacional es ampliar la participación ciudadana de una manera más directa, que pudiera dar su opinión y sus recomendaciones en el momento. Se pensó en seleccionar a cien ciudadanas y ciudadanos representativos de la sociedad española: mitad de hombres y mujeres, de todos las territorios, niveles culturales, estratos sociales y edades. Las consultoras contratadas hicieron esa selección aleatoria y realmente funcionó. Una anécdota: por razones de la pandemia, las sesiones fueron online menos la última, que fue presencial y se hizo en Madrid; para algunas de las personas de la Asamblea era la primera vez que venían a Madrid. Así de representativa fue.

P. ¿Cómo se ha articulado?

R. Se realizaron seis reuniones con una disciplina ciudadana espectacular; nunca se empezó con retraso. Las dos primeras fueron dedicadas a aportar información bien documentada, científica, rigurosa sobre materia climática, lo que provocó cierta alerta y mucha curiosidad. Por ejemplo, hubo que explicarles cómo funcionaba el sistema educativo en España porque tenían muchas propuestas de formación y educación. La siguientes sesiones fueron deliberativas y las dos últimas decisorias. Se hicieron todas las recomendaciones, y, sobre ellas, una primera votación para ver qué grado de consenso tenían y si avanzaban. También hubo un esfuerzo de unificación de propuestas.

La Asamblea Ciudadana para el Clima ha hecho multitud de propuestas para que los sistemas educativos y de formación incorporen la agenda climática

P. ¿Cuántas se aprobaron?

R. 172, me parece. Solo en el área de Trabajo hubo 43 recomendaciones, referidas a cómo van a cambiar los sectores productivos y los sectores energéticos y cómo deben contribuir a menos emisiones; que las empresas empleen energías renovables; que haya transporte público a todos los lugares de trabajo y que sea sostenible; una semana laboral de cuatro días para reducir desplazamientos, y propuestas de implicación climática de los trabajadores en la empresa.

P. ¿Adónde han ido a parar?

R. Ahora están en manos de las organizaciones sindicales y empresariales, y de los poderes públicos.

P. ¿Qué ha supuesto la experiencia personalmente?

R. Ha sido una de las experiencias más creativas y satisfactorias que he tenido. Siempre he confiado mucho en la ciudadanía, pero a veces esa confianza se quiebra. Pues bien, la he renovado totalmente.

El paleontólogo y codirector del Proyecto Atapuerca, reflexiona sobre cómo enfrentar la crisis climática para legar un planeta en las mejores condiciones posibles a las próximas generaciones

Horas después de presentar el hallazgo del homínido más antiguo de Europa en Atapuerca, proyecto del que es codirector, el científico madrileño echa la vista atrás para reflexionar, durante la celebración del foro Ecosistema Ahora, sobre el devenir climático del planeta y cómo deberíamos enfrentar el futuro para dejarlo en las mejores condiciones posibles a las próximas generaciones.

Pregunta. ¿Estamos en la peor época climática del planeta?

Respuesta. No, ha hecho mucho más calor en otros momentos. Estamos en un periodo interglaciar, venimos de una glaciación [la Edad del Hielo terminó hace 11.700 años], pero el interglaciar anterior fue más cálido.

P. Entonces, ¿deberíamos tender hacia una glaciación?

R. La gente piensa que la Edad Media era una época muy fría porque en las películas siempre está lloviendo, pero en realidad fue muy cálida. Es la época en que se pobló Groenlandia. Luego, en la época de los Reyes Católicos, en el siglo XV, empieza la llamada Pequeña Edad del Hielo, que supuso un avance de los glaciares. Pero a finales del XIX empieza a caer y se inicia este aumento de la temperatura, que tiene que ver sin duda con la actividad industrial y rompe esa tendencia hacia una nueva glaciación, digamos, dentro de unos 15.000 años. Ahora tenemos el problema contrario.

P. ¿Hasta qué punto?

R. Lo peor que puede ocurrir es una glaciación, porque no queda nada vivo en la Tierra. Lo siguiente peor sería la desertización, lo que tenemos ahora. Pero no porque para el planeta sea malo que suba el nivel del mar, sino porque la mayoría de la población vive en la franja de riesgo climático. Y si la civilización sobrevive, digamos, dentro de otros 10.000 años, tendrá que hacer ingeniería planetaria entre el apocalipsis helado y la aridez extrema.

No se puede desinventar, es absurdo. El conservacionismo está lleno de contradicciones. Lo que hay que ver es cómo con este móvil llevamos una vida sostenible

P. Filosóficamente hablando, ¿el egocentrismo humano es la causa del calentamiento planetario?

R. Claro, es lo característico de la historia de la humanidad, pero hasta ahora se vivía como progreso. Y lo era, en cierto sentido. La historia de las civilizaciones, que no es despreciable, se ha construido sobre la explotación de los recursos naturales. Europa ha desarrollado la ciencia, de la que nos sentimos orgullosos, transformando el medio propio, el europeo. Y cuando se acabaron los recursos naturales se fue a buscar otros a América. Y después de América vendrá África.

P. ¿Ese pasado puede ofrecer soluciones de futuro?

R. Ahora no hace falta mirar al pasado ni a utopías. Podemos inspirarnos en él, claro, pero quizá haya que huir de soluciones simples y pensar en soluciones nuevas a problemas nuevos.

P. ¿Por ejemplo?

R. No podemos dejar de viajar en avión, pero tal vez sí podemos volar menos. No se puede desinventar, es absurdo. El conservacionismo está lleno de contradicciones. Lo que hay que ver es cómo con este móvil llevamos una vida sostenible. Una solución tecnológica que no significa volver al pasado, pero que supone un cierto sacrificio.

P. Dice que es obligatorio ser optimista. ¿Se lo repite cada día?

R. Tengo un montón de motivos para el pesimismo. En el interior de mi corazón, aunque no me quiera meter ahí, tengo la sensación de que la batalla está perdida, que solo se puede retrasar lo inevitable. Pero no quiero aceptarlo y entonces me obligo al optimismo.

Ante la hipocresía del llamado ‘greenwashing’ surgen nuevas formas de producir y consumir que se retroalimentan en un círculo virtuoso que abraza la economía circular y la compra responsable

La humanidad devora al año 1,7 Tierras; para 2030, con 5.400 millones de clase media, ascenderá a dos Tierras; en 2050 serán tres. La periodista e investigadora especializada en consumo, sostenibilidad y cultura Brenda Chávez afirma que hacemos casi más política con nuestras decisiones de compra que con los votos que depositamos en las urnas, y que lo primero a tener en cuenta para ser más sostenible es consumir menos. Lo segundo, informarse sobre lo que hay detrás de cada marca en la que depositar la confianza, en el apartado ambiental, social y de gobernanza. Para separar la apuesta genuina, coherente y honesta del greenwashing o lavado de cara verde. “Una empresa que de verdad quiere perdurar no hace ecopostureo”, asegura Josep Maria Ribas, director de cambio climático de Familia Torres, cuyo fortísimo compromiso medioambiental emana desde la presidencia.

El bloque que Ecosistema Ahora dedica a la producción y el consumo responsables es un escaparate de empresas cargadas de economía circular, ecodiseño, electrificación, medición de la huella de carbono. Y propósito. “El propósito es fundamental”, remacha Pedro Pérez de Ayala, socio fundador de ReTree, que planta bosques y traza su sostenibilidad mediante inteligencia artificial, involucrando en su mantenimiento a “empresas con causa”. A su lado se sientan Kike Alía, fundador de CargaTuCoche (plataforma para instalar y compartir puntos de recarga), y Mariana Gramunt, cofundadora y CEO de T-Neutral, que se presenta como la primera plataforma para medir, reducir y compensar la huella textil. Antes han intervenido Mónica Rodríguez, consejera delegada y fundadora de Recovo.co, que recupera tejidos desechados y los vende para que sean reutilizados. Y Jonathan Zarzalejo, director global de operaciones de marketing de Too Good To Go, que lucha contra el desperdicio alimentario ofreciendo a precios más bajos productos a punto de ir a la basura.

Son “disruptores”: startups que nacen con mucha innovación debajo del brazo. Pero los emprendedores no son los únicos que se suben al escenario desafiando el inmovilismo. Una gran compañía como Ikea decidió vender exclusivamente iluminación led en 2015, casi en la prehistoria de una tecnología carísima hasta ese momento, y que se hizo más asequible gracias a la acción de la marca sueca, como recuerda su sustainability business partner, Qi Kai Sheng. Tanto ella como Ribas coinciden en que cuando una firma se adelanta, en muchas ocasiones se encuentra con que la regulación y la normativa le van a la zaga: ni Ikea puede ayudar a sus clientes a reciclar sus productos (almohadas y edredones, fundamentalmente) ni Familia Torres puede hacer lo propio con los tapones de corcho de sus botellas, porque para eso tendrían que darse de alta como gestores de residuos.

Otras veces, estar en el lugar adecuado antes que los demás favorece a los pioneros, como cuenta Andrea Cabanes, consejera delegada y fundadora de Fych. Esta empresa de base tecnológica surgida de la Universidad de Alicante se propuso reciclar envases complejos. “Una bolsa de patatas lleva tintas por fuera y aluminio en su interior para proteger el producto”, señala. Resulta tan complicado reciclarla tal cual que suele terminar en el vertedero o la incineradora. “Con un nuevo sistema, separamos cada uno de sus materiales y, ya puros y simplificados, los reintroducimos en la cadena de reciclaje convencional”, explica. Cabanes reconoce que las regulaciones, cada vez más estrictas, sobre reciclaje han jugado a su favor. “Hay empresas con ganas de ir más allá de la normativa”, subraya. Por ahora trabajan con fabricantes, pero el siguiente paso será “ir al contenedor amarillo, reaprovechar esa otra parte”, avanza.

Alternativas alimentarias

“La industria agroalimentaria es contaminante y poco eficiente. El 80% de la deforestación se debe a la expansión agrícola, destinada en su mayor parte a dar de comer a los animales. Si cada vez vamos a ser más humanos en el planeta, tenemos que buscar alternativas”, reflexiona Susana Sánchez Gómez, CSO y cofundadora de MOA Foodtech. Esta empresa biotecnológica recoge desechos y subproductos del sector y, a través de un proceso de fermentación con microorganismos, los transforma en ingredientes proteicos de alto valor añadido, que reintroduce en la cadena de suministro. MOA Food­tech podría trabajar perfectamente con Heura Foods, que desarrolla productos de base vegetal con “la palatabilidad, sabor y experiencia gustativa de la carne”, los describe su director de calidad, seguridad alimentaria y sostenibilidad, José Antonio Leal. “Sucesores de la carne”, los denomina.

“Queremos quitar la proteína animal de nuestra mesa, por ineficiente y poco sostenible”, defiende Leal, que añade que su apuesta nace del ambientalismo. “Producir un kilo de carne de ternera requiere 20 veces más recursos que un kilo de una proteína vegetal”, informa. “El 50% de nuestro impacto proviene de nuestra alimentación. Puede ser un arma a nuestro alcance para ayudar a mejorar el planeta; depende de nosotros”, interpela a la audiencia. Es la misma tesis de Carolyn Steel, autora de How Food Can Save the World (Cómo la comida puede salvar el mundo), que interviene en el foro por videollamada, desde Inglaterra, con un mensaje poderoso: “Si cambiamos lo que comemos, cambiamos el sistema entero”.

Digitalización y sostenibilidad como palancas transformadoras de la industria

La digitalización y la transición energética y ecológica son las dos palancas de transformación del modelo productivo y económico”, afirma Carme Artigas, secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial. “Dos gemelas que se necesitan y crean sinergias entre ellas; no se puede pensar en la una sin la otra”, apostilla. La primera copa más del 30% de los fondos de recuperación Next Generation, mientras que la segunda roza el 40%. Si Artigas dibuja el marco general y anuncia planes de formación para el 33% de la ciudadanía sin habilidades digitales básicas, Joaquín Pérez Novo, director de desarrollo de negocio industrial y proyectos de gases renovables de Agbar (parte del grupo Veolia), explica a la audiencia cómo se aplica la digitalización, el análisis de datos y la inteligencia artificial para mejorar en sostenibilidad: control del agua, salud ambiental, economía circular, resiliencia frente al cambio climático.
“La energía fósil ha de ser eliminada; la industria está impulsando cómo convertir los residuos en fuentes de energía”, comenta Pérez Novo en alusión a la biomasa. La tecnología es fundamental para lograrlo. No le parece que esta revolución tecnológica vaya a implicar destrucción de empleo y sí nuevos puestos, algunos de los cuales ni siquiera están aún inventados. Mientras el directivo de Agbar pide a la Administración “menos sobrecarga de burocracia” para que las pymes se suban al carro de la digitalización y la sostenibilidad, Federico Ruiz, responsable del Observatorio Nacional 5G, enfatiza las posibilidades que abre el 5G en el terreno empresarial e industrial; también en los territorios inteligentes, el transporte, la comunicación, el coche autónomo, la agricultura. “Los productos y servicios del 5G están por crear, como ocurrió con el 4G”, avisa. “España puede pasar de consumidora a productora de tecnología y contenidos”, defiende.

Las urbes necesitan repensarse, acortar distancias, favorecer la movilidad activa, ser más amables con sus habitantes y ganar en resiliencia frente al cambio climático

¿En qué ciudad queremos vivir?”. La pregunta lanzada por Carlos Moreno, director científico de la Cátedra ETI en IAE, escuela de negocios de la Sorbona de París, pone en contexto lo que se lleva dicho hasta el momento en Ecosistema Ahora en materia de sostenibilidad urbana y lo que se dirá después. Porque todo lo demás, tecnología, datos, nuevos materiales, rehabilitaciones, infraestructura verde…, irá en función de cómo se conteste a esta cuestión. Para Moreno, la respuesta se llama ciudad de los 15 minutos: una idea que ha impulsado él y ha abrazado con entusiasmo la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. Moreno cree que las distancias que recorremos en las grandes urbes para, por ejemplo, ir de casa al trabajo (en transporte público o en vehículo privado) restan calidad de vida. La ciudad policéntrica, descentralizada, más verde, de una “proximidad feliz”, donde edificios e infraestructuras tienen más de un uso, es más resiliente al cambio climático, según añade. Llegar a ella no pasa por construir más, sino por repensar, aprovechar y reutilizar lo ya hecho.

“Las ciudades del futuro son las de ahora, que fueron construidas bajo unos estándares determinados y hay que transformar en otra cosa. Las rehabilitaciones integrales para mejorar la eficiencia energética de los edificios suponen oportunidades de negocio verde y conllevan ecobeneficios para sus moradores”, recuerda María Teresa de Diego, responsable de desarrollo de negocio de la dirección de next gen de Ferrovial Construcción. Valentín Alfaya, director de sostenibilidad de Ferrovial, ya había abogado en una mesa previa por rehabilitaciones “profundas, integrales y a gran escala”, con una “visión sistémica”, que no se quedaran “en la fachada” e incorporaran el capital natural, que en su opinión es una de las grandes asignaturas pendientes en nuestro país. “Hemos de apostar por la restauración ecológica y por recuperar la conectividad de la infraestructura verde”, señala Fernando Valladares, investigador del CSIC y experto en cambio climático.

Visión rentable

“Hace tres o cuatro años no había estrategia política; ahora, sí. Y dinero, también”, tercia Bruno Sauer, director general de Green Building Council España (GBCe), que invita a aprovechar el momento, pero con responsabilidad y sentido común, sin caer en la tentación de hacer las cosas a la vieja usanza, según lo expresa. “Solo por mitigación del cambio climático, bajada de la contaminación y restauración de la biodiversidad, invertir en una urbanización sostenible es rentable… si tienes una visión a largo plazo; si pretendes recuperar lo invertido en tres o cuatro años, que es la vida de un político, será imposible”, argumenta Valladares. “¡Abordemos proyectos con las luces largas!”, exhorta.

“Es un momento apasionante, un reto fantástico para un arquitecto”, recoge el guante Manuel Leira, fundador de Nexo Arquitectura, que comparte mesa con los también arquitectos Iñaki Alonso Echeverría, CEO de sAtt, e Isabela Velázquez, miembro de la consultora especializada en urbanismo y movilidad sostenible GEA21. Las dos jornadas de Ecosistema Ahora están trufadas de “momentos disruptivos” (así se denominan en el programa) que dan voz a startups y empresas con un abordaje diferente al tradicional. En el bloque dedicado a urbanismo no podían faltar quienes diseñan los planos con mirada innovadora y bajo criterios de sostenibilidad. Nexo Arquitectura, por ejemplo, ha proyectado un edificio para Metro de Madrid al lado de las Torres Kio que cubre la mitad de su consumo energético usando la energía de frenado de su línea 9 (que pasa por debajo).

Alonso lamenta que todo el mundo habla de electrificar vehículos, pero no edificios. “Venimos de una perspectiva del siglo XX, de un contexto de energía barata, donde estas cosas no se tenían en cuenta”, lo justifica. “La arquitectura genera el 36% del CO2 y del 35% de los residuos globales del planeta; tanto su responsabilidad como su potencial son muy grandes”, detalla. Aboga por “cambiar el paradigma”, apostar por la economía circular, los materiales locales y el ecodiseño. “Hemos de pasar de la hormigonera al atornillador”, subraya refiriéndose a la necesidad de ensamblar más que mezclar, pensando en la reutilización y reciclaje de un edificio que termina su vida útil ya desde el principio, desde el diseño. “Falta dar ese paso; los arquitectos empezamos a hablar de sostenibilidad, pero la metemos después”, apunta. “También tenemos que cambiar el modelo de consumo, nuestra forma de vida”, incide Velázquez. “Utilizar menos materiales, más frugales, lo que no quiere decir de menor calidad”, puntualiza.

Movilidad bien pensada

Ese “pensar diferente”, llevado al terreno de la movilidad, se traduce en ir más allá de una traslación simplista —cambiar coches de combustión por eléctricos— y reflexionar sobre cómo podemos movernos de otra manera. “¿Qué sentido tiene sustituir el atasco de combustión por el atasco eléctrico?”, plantea Giles K Bailey, director de Stratageeb, experto mundial en movilidad compartida y electrificación. Para él, la palabra clave es multimodalidad. Y las soluciones “clásicas” (léase transporte público y privado) han de transitar hacia la “movilidad como servicio” y abrir su abanico para incorporar soluciones de “micromovilidad”: activa (trayectos a pie y en bicicleta), coche compartido, taxi. A la carta, dependiendo del usuario y del momento. “¿Qué significa ciudad sostenible? Un sitio vivo y exitoso, pensado por y para la gente; con calles limpias, calmadas, donde se pueda andar”, describe.

“La movilidad es un derecho y va más allá de moverse. Para que unos pudieran quedarse en sus casas durante la pandemia, otros tuvieron que salir, exponiéndose a más riesgos”. Esther Anaya, investigadora y consultora sobre movilidad ciclista del Imperial College de Londres, conmina al público a repensar conceptos que se dan por sentados, sin cuestionamiento. La experta rompió la imagen muchas veces idílica que proyectan los ciclistas para hacer ver al auditorio quiénes están sobrerrepresentados en este colectivo: “Hombres educados y de poder adquisitivo”. Cuando se toma consciencia de que hay sobrerre­presentación y, por tanto, infrarre­presentación, las preguntas fluyen en cascada: “¿Qué hace falta para dar acceso a los grupos que no lo tienen? ¿De quiénes son las necesidades satisfechas y de quiénes no?”, plantea. Solo desde la equidad se puede hablar de un acceso universal a la movilidad, según acota.

Innovación para todos

¿Vamos por buen camino en cuanto a la digitalización?”, pregunta a Baley la periodista que lo está entrevistando. “Probablemente sí; está surgiendo tecnología excitante”, responde, pero sin olvidar que muchas veces se trata de encontrar un conjunto de soluciones simples, no necesariamente vistosas ni espectaculares, y “escalarlas, escalarlas y escalarlas”. A Júlia López Ventura, directora para Europa de C40 (grupo de liderazgo climático constituido por ciudades que aúnan esfuerzos para reducir sus emisiones de carbono y adaptarse al cambio climático), el tecnooptimismo, o idea de que la tecnología vendrá a resolverlo todo, le parece una tentación falsa y peligrosa. “Me da miedo la tecnología, os lo dice una ingeniera de telecomunicaciones”, bromea. “Es un medio, no un fin en sí misma”, remacha.

Digitalización, sí, por supuesto. Pero la única forma de doblegar la curva de emisiones de CO2, que en 2022 volvió a subir, es consumir menos, según concluyen Leira, Alonso y Velázquez. Para transitar por este camino hace falta valentía política, que es, junto con la reivindicación del espacio público para las personas, uno de los grandes mantras de los expertos congregados para hablar de ciudad en este foro. “El coraje político de decir basta”, lo llama Moreno, más necesario aún en “épocas de populismo y demagogia”, en las que “es más fácil decirle a la gente que sí, que sigan los autos y el cemento”, según denuncia. “Vivimos una crisis energética, social, de coste de vida, con altos niveles de inflación. Si todas estas crisis están interrelacionadas, toca abrir diálogo con la ciudadanía; un nuevo pacto social”, pide López Ventura. Para, volviendo al principio, repensar cómo y en qué ciudad queremos vivir.

Del transporte internacional a la ‘última milla’

Dos cabezas tractoras, cada una circulando en un sentido de un corredor predefinido, se encuentran en un punto intermedio y se intercambian mercancías, de manera que cada conductor regresa a su punto de partida y evita alejarse más de su hogar. La empresa de transporte internacional Trucksters trenza una cadena basada en tecnología de relevos, con eslabones más cortos, lo que aumenta la posibilidad de incorporar el camión eléctrico. BooBoo, por su parte, es un operador logístico integral y digital (paquetería, paletería, etc.) que logra ganar en eficiencia permitiendo, por ejemplo,que varios proveedores utilicen un mismo vehículo para optimizar cargas. Mientras que Koiki, operador de transporte de última milla libre de CO2, dispone de micro-hubs donde se almacena la mercancía dentro de las ciudades, más repartidores que van andando o en bici.
“Los principales operadores piensan de manera individual, cuando las matemáticas dicen que optimizar el conjunto es mejor que la suma de las mejoras individuales”, explica Juan Miguel Moreno, fundador y CEO de BooBoo. “Pero, para eso, los actores necesitan colaborar”, precisa. “Los clientes han de ver la importancia de una logística que no es barata pero aporta valor”, dice Gabor Balogh, cofundador de Trucksters. “Somos una empresa, no una ONG. Queremos demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera sin dejar de ser rentables, pero sin olvidar la sostenibilidad ambiental y social”, declara Natalia Calvo de Miguel, directora de desarrollo de negocio y sostenibilidad de Koiki.
Estas tres compañías ponen en jaque la manera en la que está planteado el transporte y la logística en general, y la última milla en particular. Y ofrecen soluciones a problemas como los apuntados por José Carlos Espeso, responsable del área de smart distribution de AECOC (Asociación de Fabricantes y Distribuidores). “No todo se puede repartir con un camión de 12 toneladas. Hemos de reinventar el modelo de distribución de la última milla”, explica Espeso.
May López, directora de desarrollo en empresas por la movilidad sostenible, va más allá, exponiendo el “modelo insostenible” al que nos ha (mal) acostumbrado el comercio electrónico: “Hay gente que se compra tres camisetas de tres colores diferentes, en dos tiendas distintas, por si una falla, se queda solo con una y devuelve el resto. Porque es gratis”. Y además, “la ropa que se devuelve se destruye porque no compensa llevarla a China, que es donde ha sido fabricada”, añade. “Pero no es gratis”, enfatiza. El hecho de que las devoluciones hayan pasado del 6% al 79%, implica un gran número de furgonetas circulando por la ciudad varias veces al día con un alto impacto ambiental, denuncia.

Las prácticas y las llamadas a la acción se van quedando cortas ante la imperiosa necesidad de afrontar de forma más decidida la emergencia climática

Estamos aletargados”, “Hay una evidente asimetría entre lo que conocemos y lo que hacemos”, “Vivimos una situación de auténtica emergencia”, “La esperanza se está desvaneciendo”. Estas cuatro sentencias, como cuatro aldabonazos, de Alejandro Quecedo del Val, activista, escritor, colaborador de la Unesco y miembro de la junta infantil y juvenil de SEO/BirdLife, abren Ecosistema Ahora, dejando muy claro cuál va a ser el tono, perentorio, de sacudida de conciencias, del foro de dos días mediante el que EL PAÍS quiere situar la crisis climática en primer plano y abordarla desde todos sus ángulos. Para ello cuenta con el impulso del Santander; el patrocinio de EY, Ferrovial, Redeia, Familia Torres y Veolia, y la colaboración del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) y Felicidad Collective.

“No estamos en vías de limitar la subida de la temperatura de la Tierra a 1,5 °C que recomendaba el Acuerdo de París; vamos camino de los 2 °C. Es más, las proyecciones a 2030 indican que iremos a los 3,2 °C”. Thelma Krug, vicepresidenta del IPCC, calla un momento para que el auditorio digiera las implicaciones de lo que acaba de exponer desde Brasil y por videoconferencia, que no es más que la evidencia científica recogida en la sexta revisión del panel de expertos internacionales sobre el cambio climático. “La diferencia de medio grado entre 1,5 °C y 2 °C afectará a sistemas naturales y personas de manera más profunda”, lamenta. “En 2030 hemos de emitir la mitad de CO2 que en 2019. Tenemos dos años para lograr situarnos por debajo de los 2 °C; es lo que marcará que islas del Pacífico sigan existiendo o dejen de existir”, precisa Marta Peirano, periodista e investigadora especializada en la relación entre tecnología y poder. “Queda mucho trabajo y hay muchas barreras, de todo tipo”, admite Krug.

Alemania ha anunciado que empezará a quemar carbón para ahorrar gas frente a un previsible corte total del suministro por parte de Rusia. El Tribunal Supremo de Estados Unidos acaba de anular el llamado Plan Obama, que otorgaba competencias federales para la descarbonización, lo que permitirá a los Estados carbonistas volver a encender las chimeneas. Y Europa ha incluido al gas y a la nuclear dentro de su taxonomía sobre las inversiones verdes, lo que puede retrasar el desarrollo de las alternativas a los fósiles. A Valvanera Ulargui, directora general de la Oficina Española de Cambio Climático, le parecen muy malas noticias todas. “Es hacer trampas”, espeta sobre la taxonomía verde europea. “Los países que toman atajos pierden toda credibilidad”, manifiesta sobre Estados Unidos. Por dar un mensaje positivo, resalta que en 2021 las emisiones de CO2 disminuyeron en España un 8% comparadas con las de 2019, aunque crecieron un 5% respecto a 2020, año de confinamiento y parón económico.

Guiños al optimismo

Los expertos que suben al escenario de Ecosistema Ahora cuentan la realidad, bastante negra, sazonada con algún apunte de esperanza (a veces, a instancias de los propios periodistas que moderan sus charlas). “Hemos de construir un relato común, optimista, de unidad y de futuro, en el que todo el mundo se sienta incluido en este proceso de innovación”, pide Diana Morant, ministra de Ciencia e Innovación, que apela a que “se entienda que no estamos imponiendo, sino acompañando en transformaciones urgentes y necesarias para evitar que el planeta se siga degradando” y a que nadie piense “que la regulación va contra ellos”. La ministra se refiere en concreto al mundo agrario, tradicionalmente señalado como reacio a la tecnología y a los cambios. “Es la principal víctima del cambio climático, y el sector lo sabe, como sabe que la ciencia lo va a ayudar en su camino hacia una agricultura más sostenible, ambiental, social y económicamente”, valora. “La lucha contra el calentamiento global revierte en su beneficio, y los tenemos como aliados”, insiste.

“Las viñas son como el canario que se bajaban los mineros a las minas; si el canario moría, tenían que salir corriendo porque significaba que había grisú. Llevamos años detectando los efectos del calentamiento global en nuestros viñedos, supone una amenaza mayor que la filoxera”. Habla Miguel Agustín Torres, presidente de Familia Torres, ambientalista convencido sin pelos en la lengua que a sus 80 años sigue yendo en bicicleta cuando está en Vilafranca del Penedès —”Por Barcelona no, me da miedo”—. Bajo su liderazgo, su empresa vitivinícola está explorando la agricultura regenerativa, el ecodiseño y la economía circular, la agrovoltaica, las tecnologías de captura de carbono o la geoingeniería; compensa su huella de carbono plantando árboles en la Patagonia. Y ha impulsado la International Wineries for Climate Action con el objetivo de reducir emisiones de aquí a 2030. “Es un símbolo de rebelión contra el calentamiento”, comenta. “Tenemos que ser más drásticos, porque no nos lo merecemos, ni nosotros ni las siguientes generaciones”, concluye.

Lo cierto es que hay mucha gente talentosa luchando en todo el mundo para evitar el desastre, “la locura de la sexta extinción”, en palabras de Torres. Los creativos y publicitarios organizados en torno a Creatives for the Future ayudan a las empresas a ser más sostenibles. “Queremos hacer sexi la sostenibilidad”, expresa su portavoz, Vanesa Peloche. Otra creativa, Belén Hinojar, ha creado con su amiga de la infancia Carmen Huidobro, ambientóloga, Climabar, donde comunican aspectos del cambio climático con datos rigurosos, pero de una manera atractiva y distendida. “Hay interés, pero la información no está llegando”, observan. Ni mucho ni bien. “Queremos llegar a la gente que se interesa por el bebé de Rihanna. Yo, que estoy muy interesada en el bebé de Rihanna, pongo ‘ambientólogo’ en Google…, no, en Ecosia mejor…, y me sale un tío abrazado a un árbol. Puf”. Su desparpajo arranca risas y refresca un ambiente que a estas alturas ha alcanzado ya dosis significativas de ecoansiedad.

Desde Toronto (Canadá), la politóloga y profesora universitaria Jessica F. Green defiende que el mercado de carbono no sirve para poner coto a los titulares de activos que “fuerzan el clima” (petroleras, compañías de carbón, eléctricas, industria pesada) y saben cómo obstruir y ralentizar la transición ecológica. En su lugar, invita a “seguir el rastro del dinero”, al más puro estilo del inolvidable Lester Freamon en The Wire. “Tenemos que pasar de las toneladas [de gases de efecto invernadero que hay que compensar] a los dólares. El dinero es más fácil de rastrear y más difícil de burlar”, plantea. Su receta se traduce en tasas para los activos contaminantes e inversión para los ecológicos. “Aceleraría la descarbonización”, asegura.

Cuando, también desde América, pero más al sur, y también de manera virtual, Stephany Griffith-Jones (economista y consejera del Banco Central de Chile) charle con Isabella Cota, corresponsal económica para América Latina de EL PAÍS (que se encuentra en México), se referirá al momento “histórico” que vive Chile con la llegada de un Gobierno dispuesto a liderar una transición “hacia un modelo económico menos extractivo”, pero también a las enormes dificultades con las que se va a encontrar por intentarlo. “Habrá de combinar sus metas ambiciosas y su misión para el medio y largo plazo con un corto plazo amenazado por la alta inflación y el riesgo de recesión”, detalla. En realidad es el gran reto de todos los países que se han impuesto esta hoja de ruta verde.

La invasión de Ucrania como consecuencia de un debilitamiento del multilateralismo, escalada de precios de la energía, desigualdad que genera inseguridad, 800 millones de hambrientos en el mundo… Gonzalo Escribano, investigador principal y director del Programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano, y Joaquín Nieto, exdirector de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y coordinador de la Asamblea Ciudadana para el Clima, reflexionan sobre el peligro de que un presente plagado de minas haga saltar por los aires un futuro al que la humanidad iba más o menos bien encaminada, en opinión de Nieto. “Hoy es más difícil que ayer y quizás menos que mañana”, admite. Escribano afea a Europa no haber diversificado fuentes energéticas para paliar su dependencia del gas ruso y no haber desplegado suficientemente las renovables en los últimos 15 años. “Ahora toca hacerlo todo a la vez”, subraya. Sabemos hacia dónde hemos de ir, la tendencia es imparable, coinciden ambos. El problema es la velocidad; la duda, si llegaremos a tiempo.

Finanzas verdes, de coste a oportunidad de negocio

El sistema financiero es una pieza indispensable en la transición hacia una economía sostenible que permita cumplir con los objetivos del Acuerdo de París de 2015 respecto al calentamiento global. Porque, basándose en la taxonomía europea —que desde la pasada semana avala el gas y la nuclear como energías verdes de transición—, debe establecer los “criterios para que, a la hora de dar financiación a nuestros clientes, tengamos muy claro qué es financiación verde y qué no”, explica Federico Gómez Sánchez, director de finanzas sostenibles del Santander, en su intervención en el foro Ecosistema Ahora. Es decir, discriminar los auténticos proyectos de desarrollo sostenible del llamado ecopostureo (o greenwashing) e impulsarlos. Y a pesar de las últimas señales de frenazo en el sector de fondos EGS (medioambientales, de gobernanza y socialmente responsables), Gómez Sánchez aporta un dato: según Climate Bonds Initiative, en 2015 se emitieron 50.000 millones en bonos verdes; en 2021 fueron 450.000 millones, casi 10 veces más en seis años. “Esto es imparable”, apuntilla. “Hace cinco años los aspectos ambientales se asociaban con la idea del coste”, recuerda Alberto Castilla, socio responsable del área de sostenibilidad de EY España. “Ahora es una oportunidad de crecimiento económico, no un frenazo, y más en un país como España”, añade. En los últimos años se ha observado una evolución de perfil empresarial que demanda financiación verde, explica el directivo del Santander. Si antes provenía solo de grandes compañías, conscientes de que su actividad debía evolucionar hacia lo sostenible, “el ámbito de cliente está aumentando, incluyendo empresas medianas”, según Gómez Sánchez, quien dibuja además el inicio del último escalón: “La incorporación de pymes y particu­lares, con hipotecas verdes y bonos ligados a objetivos verdes”. Y es que, destaca Castilla, si hay empresas aventajadas y con experiencia previa ante el tsunami regulatorio que augura la propuesta de directiva europea de información corporativa en materia medioambiental, estas son las españolas. El responsable de EY España recuerda que esta adaptación a una nueva regulación en materia de transparencia se hizo en España en 2018 —publicando más de 100 indicadores internos de las empresas relacionados con la sostenibilidad—, en un plazo de apenas de tres semanas. Y aprovecha para alertar, precisamente, de esa velocidad de vértigo, de “hasta qué punto es necesario que haya más tiempo para digerir determinados cambios muy relevantes para las empresas”.

Frases

«No creo que falten perfiles profesionales, pero sí que las empresas han de atraer al talento por otros medios además del sueldo, y con otros valores”. Joaquín Pérez Novo. Director de desarrollo de negocio industrial y proyectos de gases renovables de Agbar (grupo Veolia).

“Debemos ir hacia rehabilitaciones en profundidad, que no se queden solo en la fachada y mejoren la biodiversidad, la movilidad y a la comunidad”. Valentín Alfaya. Director de sostenibilidad de Ferrovial.

“A día de hoy, solo veo crecimiento en las finanzas sostenibles. Hay que distinguir entre la coyuntura actual de inseguridad energética y la apuesta a medio plazo, que sigue siendo por las renovables”. Federico Gómez Sánchez. Director de finanzas sostenibles de Banco Santander.

“En los próximos cinco años habremos avanzado en entender que el éxito empresarial se medirá en beneficio, pero en beneficio para todos”. Alberto Castilla. Socio responsable del área de sostenibilidad de EY España.

“España y Portugal han implantado masivamente renovables. Es nuestra riqueza, y como hemos hecho nuestros deberes y no tenemos esa dependencia del gas, no tenemos por qué pagar las consecuencias”. Beatriz Corredor. Presidenta de Redeia. 

“La ciudad del siglo XXI ha de ser una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”. Carlos Moreno. Director científico de la Cátedra ETI, IAE Universidad de París-Sorbona. 

La segunda jornada del foro Ecosistema Ahora, organizado por EL PAÍS, reúne a grandes expertos nacionales e internacionales en busca de respuestas al gran reto medioambiental

Diana Morant participa en el foro Ecosistema Ahora, organizado por El PAÍS, que reúne a expertos en movilidad verde en las ciudades, científicos, economistas, empresarios y analistas

Diana Morant, la ministra de Ciencia e Innovación del Gobierno de España, ha advertido este viernes de que “el gran problema de la ciencia” cuando se enfrenta al cambio climático “es el negacionismo”. “Y que la sociedad sufra una especie de efecto placebo” y sienta que no le afecta. En Europa, los científicos saben cuánto afecta. Llegarán 30.000 millones de euros de Bruselas para impulsar la transformación del medio ambiente.

La ciudad será uno de los lugares donde sucederán estos nuevos pasos. Y en ella habrá que viajar. ¿Cómo? “El futuro será la multimovilidad. Formas distintas pero que no olviden a nadie, inclusivas”, destaca Giles K. Bailey, director de Stratageeb, experto en movilidad compartida. Pues el momento de repensar surge ahora. Carlos Moreno, director de la cátedra Emprendimiento-Territorio-Innovación (EIT) en la Universidad de la Sorbona, tiene una de esas voces cargadas de experiencia. “La distancia en las ciudades es un vicio”, reflexiona. Hace falta cercanía para recuperar la relación con la familia, los amigos, la propia vida. En París, el 53% de los vehículos se usan para trayectos de menos de seis kilómetros. Sin embargo, la solución, ahonda Moreno, no llega de acumular tecnología sobre tecnología: “el tecnosolucionismo”. El discurso es enriquecedor. “La transición verde supone una reducción energética de nuestros edificios”, precisa María Teresa de Diego, Responsable de Desarrollo de Negocio de la dirección de Next Gen de Ferrovial Construcción.

De ciencia y de las ciudades de este siglo, además del pacto social climático, se ha hablado en el evento Ecosistema Ahora, organizado por EL PAÍS, con el impulso de Santander, el patrocinio de EY, Ferrovial, Redeia, Familia Torres y Veolia; y con la colaboración del COAM y Felicidad Collective. El evento de dos días ha concluido este viernes.

Los arquitectos saben que vamos hacia una época en la que la energía será cara y exigirá unos hogares distintos. Vitoria avanza por esa senda. Sin embargo, ¿esos edificios son solo para los privilegiados? “Es un riesgo, pero se puede superar con materiales clásicos”, indica el arquitecto Iñaki Alonso. Porque es un tiempo también de abandonar el hormigón y pensar en la captura de carbono y la madera.

“El urbanismo es a la vez caos y orden. En América Latina, las ciudades son espacios de comunicación entre barrios mientras el orden lo debe aportar la arquitectura”, observa Eugenia del Río, secretaria del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM). Hay que diseñar las ciudades pensando en los nuevos sistemas logísticos. Y clausurar ese bucle infinito, y contaminante, de compras y devoluciones.

“La emergencia climática es peor que la plaga de la filomera, que acabó con las viñas en el siglo XIX”, advierte Miguel Torres, presidente de la familia bodeguera Torres (con cultivos en Chile, California y España). El campo gime, y han reaccionado. Es la primera bodega que captura el dióxido de carbono de la fermentación. Viñas plantadas a mayor altura, sistemas para retrasar la maduración, botellas ligeras, son otras de las medidas que han puesto en marcha.

Entre esa argamasa de frustración y esperanza, la juventud tiene la potentia, en términos aristotélicos, del cambio. En Chile ha llegado una Administración de nuevos políticos con gran sensibilidad que promueve una transición verde radical. Todo un mapa geopolítico que, contradictoriamente, a corto plazo refleja la oscuridad de un planeta donde las estimaciones lo acercan a una subida de entre dos y tres grados Celsius, mientras, Alemania regresa, acorralada por Rusia, al carbón. “La sociedad humana está en peligro”, alerta Joaquín Nieto, coordinador de la Asamblea Ciudadana para el Clima. ¿O no tanto? “Si comparamos el último millón de años con hoy, ha habido tiempos más cálidos y niveles de los mares más altos”, reflexiona el paleontólogo Juan Luis Arzuaga. Las soluciones del presente nunca se hallan en el pasado.

La segunda jornada del foro Ecosistema Ahora, organizado por EL PAÍS, reúne a grandes expertos nacionales e internacionales en busca de respuestas al gran reto medioambiental

Hace cientos de miles de años el ser humano heredó un paraíso. Todas las eras tienen sus dificultades y habita en la “genética” del hombre enfrentarlas y resolverlas. El problema es que se ha llevado a algo tan esencial para la subsistencia, como el clima, al extremo. Incendios, sequías, inundaciones, olas de calor, temperaturas gélidas. Los eventos extremos son cada vez más frecuentes. Es, quizá, nuestra última oportunidad de revertir la emergencia. Una llamada. La sociedad civil, las empresas, las organizaciones medioambientales, los activistas, los políticos, los reguladores, los jóvenes, los científicos. Las campanas suenan por todos.

EL PAÍScon el impulso de Santander, el patrocinio de EY, Ferrovial, Redeia, Familia Torres y Veolia; y con la colaboración del COAM y Felicidad Collective, organiza el evento Ecosistema Ahoracuya segunda jornada se celebra este 8 de julio desde las 9.00 a las 20.15 —con diversas pausas—. En esta jornada se conversa sobre las amenazas que enfrenta el clima. Se analizan problemas, se proponen soluciones. La logística y el transporte, la nueva arquitectura adaptada al cambio climático, el papel de la tecnología, los materiales que podrían reemplazar a los viejos y contaminantes, las innovadoras formas que construyen la movilidad del futuro, la electrificación, el reto (ya lo sentimos en el granero de Ucrania) de gestionar la escasez y la abundancia de los alimentos junto con los casos prácticos de diversas empresas emergentes que trabajan por encontrar una salida.

Desde luego, habrá una interpretación geopolítica y social de nuestro tiempo. ¿El capitalismo actual puede solucionar la emergencia climática? ¿Este compromiso verde se retrasará debido a la invasión de Ucrania, o se acelerará? ¿La gran esperanza radica en quienes heredarán la Tierra: los jóvenes? Tocaremos un suelo cada vez menos fértil. El 100% de las naciones incumplen sus objetivos de frenar la pérdida de la biodiversidad y el ser humano parece acostumbrarse a una cierta “cotidianeidad” de las catástrofes naturales. ¿Con qué consecuencias?

El encuentro lo abre, en conversación con Pablo Guimón, redactor jefe de Sociedad de EL PAÍS, Diana Morant, ministra de Ciencia e Innovación del Gobierno de España. Giles K. Bailey habla, como experto mundial, de movilidad compartida y electrificación. Y también participan Carlos Moreno, creador del concepto de la “ciudad de los 15 minutos” (que se propone en París) y arquitectos renovadores —Iñaki Alonso e Isabela Velázquez, entre otros— apuntalan la narrativa de nuevos materiales y formas de construir. May López, directora de Desarrollo en Empresas por la Movilidad Sostenible, explica de qué forma “transportarse” por las ciudades verdes y desde la viña, Josep Mª Ribas, director de Cambio Climático de Familia Torres, relata el efecto en las vides del clima extremo. Después, firmas emprendedoras cuentan sus propuestas a favor de la descarbonización.

La sesión de la tarde (que comienza a las 16.30) propone la necesidad de un capitalismo inclusivo bajo la voz de Stephany Griffth-Jones, economista y consejera del Banco Central de Chile. Y la geopolítica tiene su espacio con Gonzalo Escribano, experto del Real Instituto Elcano y la periodista Marta Peirano y el coordinador de la Asamblea Ciudadana para el Clima, Joaquín Nieto. Mientras, los minutos de la biodiversidad acuden a través de Odile Rodríguez de la Fuente, bióloga, y Elena Pita, directora de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. También participa la oceanógrafa, Ana Payo-Payo. El encuentro terminará con un debate entre el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, la filósofa Alicia Puleo y el antropólogo Emilio Santiago.

El evento comienza a las 9.00 y puede seguirse en directo a través de la web de EL PAÍS y sus redes sociales. Y de forma presencial en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), ubicado en la calle de Hortaleza, 63.